LA SUERTE LOCA (1907-1918) I PALACIO DE CRISTAL (1918-1931) BAILE TAXI RODEO





“Aproximadamente a las 4 de la tarde acudían al trabajo (las camareras), a esa hora también comparecían el pianista, el guardarropa, el limpiabotas, y si había juego, que no siempre era tolerado, los dependientes de la mesa.

De 4 a 5 lo pasaban casi en familia, pues, cuando más, se juntaban media docena de parroquianos, que casi siempre eran los mismos.

A pesar de ello, el pianista no dejaba de cumplir con su obligación, y uno tras otro, cada diez minutos, iba ejecutando distintos bailables, que por el regular se perdían estérilmente.

Si se jugaba, la animación era un poco mayor, pues no dejaban de acudir algunos puntos madrugadores. De 5 a 7 iba llenándose el salón y se armaba un baile lleno de casticismo, que tenía mucho de pintoresco. Jóvenes del comercio, soldados, obreros sin ocupación y vendedores de mercado, se entregaban con entusiamo al agarrao, ciñéndose cuanto podían al cuerpo de las “papallones” y de las camareras, como si se hallaran en una fiesta mayor.

A las 8 se interrumpía la fiesta para que todo el mundo pudiera ir a cenar, y a las 10 volvía a ocupar sus turnos todas las mujeres.

Por la noche, el café de camareras tomaba otro aspecto más típico y adquiría más carácter de celistineo.

En el baile especialmente casi todos se permitían licencias que no se hubiesen tolerado en parte alguna.
No sólo se limitaban a exagerar el agarrao y a entrecruzar las piernas, sino que muchos bailaban materialmente abrazados a la mujer, y especialmente en los bailables de compás lento, como son las americanas, hacían mover el vientre, remendando el acto carnal, al tiempo que proferían en alta voz toda clase de obscenidades”.



“Figuraos una sala grande, espaciosa, con piano u orquesta y mesas de café. Si entráis, ya sabéis que vais derechos a la prostitución. Después de convidar a la camarera que se os acerca tan pronto llegáis os abraza y besa, tentáos para bailar. A medida de la música, y sin perder el compás, la camarera imprime a su cuerpo unos movimientos tan lúbricos, que los bailadores están rápidamente en erección y eyaculan, porque acompañando el movimiento ella los masturba. En estos locales, que debieran estar clausurados, el obrero hace sus conquistas, que acostumbran a ser baratas, y de las que sale siempre mirando a la sífilis. Muchas camareras son obreras, y ejercen este oficio como otro cualquiera, para tener más ingresos, ya que el jornal es reducidísimo. Hay obreros que llegan hasta a amancebarse con una camarera, y cuando la abandonan, los mina la tisis o cualquier enfermedad venérea. La entrada es gratuita, con derecho a hacer una consumición. Me han contado casos rarísimos de crápulas en estos bailes: una pareja ha estado masturbándose siguiendo la música, sin salir los pies de un ladrillo de la sala. El baile predilecto, por lo sensual, es el débil, que viene a ser el agarrao madrileño. La mujer abre sus piernas y el hombre coloca su rodilla diestra entre ellas, tocando las partes genitales, fuertemente enlazados y al compás de la orquesta o el piano”.
“Mala vida en Barcelona” (1912), MAX BEMBO 



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