LA CALLE QUE NO DORMÍA NUNCA
LA CALLE QUE NO DORMÍA NUNCA Francesc González Ledesma a el pais * edición impresa, domingo, 25 de noviembre de 2007 Esta calle de aspecto más bien dormido fue durante muchos años la calle que no dormía nunca. Tenía entonces un pomposo nombre oficial con sabor a guardia y cachiporra -calle del Conde del Asalto- y estaba especializada en academias de baile, garitos de juego, salas de strip (que con la ropa de entonces debían de exigir un ritual complicadísimo), casas de señoritas dispuestas a todo y bares de primeros auxilios. Hoy, en la entrada por el Paral·lel, una estatua de Raquel Meller es centinela de los recuerdos, los años que pasaron y las mujeres que se fueron, las copas vacías y los pecados que la calle ha perdonado para siempre. (...) De los bares antiguos y solemnes, donde cada noche el pueblo programaba la revolución social, sólo queda el London, como guardián de los viejos sueños. La entr...